Industria: una vela para Brasil pero sin evitar la caída

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El repunte brasileño le da impulso a la exportación de algunos sectores, pero no compensa la desaceleración del mercado interno.

Pablo Dragún, coordinador del Centro de Estudios (CEU) de la UIA, le dijo al Económico que “en el próximo semestre, la actividad mostrará una tendencia a la baja, que rondará en torno al 2% y 3%. El repunte de la actividad en Brasil, si bien más moderado de lo que se esperaba, podrá funcionar como impulsor de algunos segmentos de producción, en particular vinculados a las exportaciones industriales, pero no compensará la baja ocasionada por otras variables”.

Los datos del CEU indican que en el primer semestre la actividad manufacturera tuvo un crecimiento de apenas el 0,4% por la mejor performance en los primeros 4 meses para luego descender en mayo el 1,9% y un desplome del 8,4% en junio. Y el comercio exterior con Brasil en el primer semestre acumula un déficit de US$3.828 millones.

La expectativa a la baja para la segunda mitad del año “se debe principalmente a la desaceleración de los rubros relacionados a la construcción y la obra pública, como también a la agroindustria, producto de la sequía que dañó la campaña. A esto se suma el menor dinamismo del mercado interno, producto de la merma del consumo y las elevadas tasas de interés. Se empiezan a reflejar otros factores, como la caída de las importaciones de bienes de consumo y la nueva caída en el empleo industrial. Las exportaciones industriales a Brasil es esperable que continúen una senda de crecimiento, aunque la base de comparación del segundo semestre de 2017 es más elevada en materia de producción”, dice el último informe fabril.

Con relación a las exportaciones manufactureras, el informe señala que se ven favorecidas “por el crecimiento de la industria manufacturera brasileña que creció 3,9% en junio, a pesar de la caída de 7,7% de mayo. En la medición desestacionalizada, el crecimiento intermensual fue de 13,3%. En el primer semestre la industria brasileña creció 2,9 %”.

Dragún apunta además para entender las proyecciones “la desaceleración de la obra pública, como resultado del ajuste fiscal, a lo que habrá que sumarle que los PPP prácticamente aún no se han iniciado y la contracción en el consumo por la caída del mercado interno“.

También el economista jefe de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Graviña, dice que “las perspectivas de la actividad industrial son negativas para el 2° semestre de 2018 por el deterioro del mercado interno, la incertidumbre existente y la elevada tasa de interés, que tensiona la cadena de pagos e induce a las fábricas a reducir stocks/producción”. En consecuencia, añade, “tras crecer 0,5% en el primer semestre, la industria caería casi 3% en la segunda mitad del año y, de esta forma, la producción manufacturera caería más de 1% en 2018”.

Sigaut sostiene que “pese a la flamante reducción de los reintegros, las perspectivas de exportación de la industria han mejorado por el salto del tipo de cambio real. Asimismo, la mayor competitividad cambiaria protege a los sectores afectados por la pasada avalancha de importaciones. Sin embargo, las mejores perspectivas por el lado externo no alcanzarían a compensar el retroceso del consumo interno. La producción automotriz es un ejemplo: las exportaciones están impulsando la producción, pero la fuerte caída de patentamientos la frena. En julio, el alza de las exportaciones alcanzó para elevar la producción, pero la fuerte caída de las ventas internas probablemente incida negativamente”.

Tanto Dragún como Sigaut reconocen el efecto de la sequía. Sigaut dice que “comenzará a diluirse en el tiempo, lo cual ayudará a morigerar la caída de uno de los rubros más importantes de la industria”. Mientras que Dragun espera que “recién el año que viene, con la próxima cosecha de soja, podrá proyectarse una mejora en este sector”.

El economista coordinador del CEU plantea que “para retomar el sendero de crecimiento, en el futuro, deberá generarse un entorno de mayor previsibilidad macro, con tasas de interés a la baja y una política que incentive la producción de valor agregado, mejorando la competitividad sistémica. Para ello es necesario trabajar en un plan articulado entre todas las esferas del Gobierno y actuar coordinadamente con todos los sectores y regiones”.

Dijo también que “un eje fundamental que aún no se ve en el horizonte son las estrategias para generar más ingresos; actualmente la mayoría de las iniciativas están orientadas a cortar egresos. Resulta indispensable pensar y poner en práctica políticas que favorezcan las exportaciones, que mejoren el mercado interno, que se promuevan medidas estructurales orientadas al largo plazo, tomando siempre referencia lo que pasa en el corto”.

Fuente: Clarin

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