Fabricantes de coches a bolsa: ¿OPA sí, OPA no?

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A corto y medio plazo las bolsas pueden tener nuevas incorporaciones en sus parqués. Recientemente, Volvo, Tesla, Aston Martin y el Grupo Volkswagen han hecho públicas sus intenciones de hacer movimientos, como algunas ofertas públicas de acciones (OPA) para captar nuevos inversores.

Cuando se cumplen los 10 años de la caída de Lehman Brothers, que fue uno de los estallidos de la actual crisis económica, sigue habiendo cosas que no cambian. La economía no solo produce riqueza a partir de los bienes y servicios, también de la simple especulación, los intereses bancarios o los productos complejos: el caso es comprar y vender, aunque sea humo.

La industria automovilística puede verse muy condicionada por el interés de los inversores, especialmente si son cortoplacistas, cuando se trata de compañías que cotizan en bolsa. Tesla es un buen ejemplo, su cotización está por encima de la valoración objetiva de la empresa -según analistas- y es un valor volátil.

Elon Musk, el CEO de Tesla, valoró hacerse con 70.000 millones de dólares para recomprar las acciones en el mercado libre y convertirlas en participaciones de una empresa privada. Así, se supone que los inversores pensarían más en el futuro de la compañía y no en cómo obtener beneficios rápidos sin esfuerzo. Acabó reculando, eso le ha granjeado nuevas criticas.

Aston Martin, ahora en manos de fondos de inversión, también planea su OPA, y será pronto. Es un fabricante con ambiciones, pasará de los 6.200-6.400 autos al año a casi 10.000 en 2020. El planteamiento es similar al de Ferrari, es un fabricante de [autos de] lujo, y tiene elevados márgenes por unidad vendida; su público son los millonarios.

Otras compañías están pensando en dar el salto a los mercados, abriéndose al capital del pequeño y medio accionista como una forma de aumentar su capital. Es una hoja de doble filo, la cotización puede bajar respecto al nivel de salida y perderse dinero y el control de la empresa. El capitalismo tiene cosas buenas y otras que no.

Volvo estaba en vías de salir a bolsa en Suecia, pero los directivos han reculado al ver la previsión del tiempo. Consideran que no es el momento, las tensiones comerciales surgidas a raíz del “America First” del presidente estadounidense -sobre todo con China- y el movimiento suicida británico de dejar la Unión Europea (“Brexit”) ponen en peligro sus negocios.

No solo eso, existe una incertidumbre creciente en la industria del automóvil por los múltiples retos a los que se enfrentará en los años venideros: que si conducción autónoma, nuevos hábitos de compra/uso, el cambio a los coches eléctricos, normativas cada vez más estrictas en emisiones y seguridad o incluso el tope histórico de producción de autos.

Pronto se anunciarán las condiciones de la OPA de Aston Martin Lagonda para cotizar en el FTSE londinense, con una oferta de capital del 25 % de la empresa y una valoración total de 5.000 millones de libras. Además, el consejo de administración ahora tiene mujeres a bordo, no por razones de igualdad de género, sino por una simple cuestión meritocrática.

Evidentemente Aston Martin puede ver afectado su negocio si se consuma el “Brexit”, incluso si hay un “hard Brexit” con fronteras convencionales y aranceles. Digamos que para su público objetivo que suba el precio de los coches un poco no es el fin del mundo. Además, si la libra esterlina cae frente a otras divisas, una cosa puede compensar a la otra (en dólares o euros serían más “baratos”).

Volkswagen AG también tiene pensados movimientos en bolsa, como poner al alcance de los inversores su división de lujo, que sumaría Porsche, Lamborghini, Bentley y Bugatti. Aunque juntos suman “poco” volumen, generan la mayoría de los ingresos del conglomerado alemán, los márgenes por unidad son muy altos.

Según el analista de Bloomberg Michael Dean, ese subgrupo podría tener una valoración de 120.000 millones de euros, es casi el doble de lo que se valora actualmente Volkswagen AG -67.000 millones de euros-. Estas marcas de lujo apenas tienen la reputación tocada por el Dieselgate, o como lo denominan internamente, los “eventos especiales”.

Quizás para el pequeño ahorrador no es lo más atractivo comprar acciones de grandes compañías de este sector, pero tienen un fuerte interés por parte de los medianos y los grandes. A fin de cuentas, es una inversión mucho más segura que tener capital en Ford, General Motors o Chrysler en 2008. Al menos el automóvil ha recordado la mayoría de las enseñanzas de aquella época…

Fuente: motor.es

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