Con una gran estrategia, Agustín Canapino festejó en los 1.000 kilómetros y tachó su asignatura pendiente

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El Titán apretó en los momentos justos para conseguir la victoria.

Foto: Tony Bosco

Agustín Canapino ya casi no tiene casilleros por tachar. Fue el campeón más joven de la historia del Turismo Carretera. Se coronó en el Súper TC2000 y se adueñó del Top Race en el que es rey absoluto con seis títulos. Pero eso no es todo. Su ductilidad para manejar la llevó también al deporte virtual y llegó a formar parte del equipo Williams, histórico de la Fórmula 1. Pero le faltaba algo al piloto de Arrecifes: ganar los 1.000 kilómetros de Buenos Aires. Ya no. Con otra clase de manejo, el campeón defensor del TC remontó en el final y se quedó con la victoria en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez.

El Titán se acomodó a las circunstancias, hizo la estrategia perfecta y gracias a un auto de seguridad en el tramo final de la carrera, pegó el zarpazo para ganar una competencia que lo tuvo siempre entre los primeros puestos.

El inicio fue muy bueno para el hijo de Alberto, histórico preparador de autos de carrera, que incluso hoy trabaja en el auto de Agustín. Se propuso hacer su ritmo y no desesperarse por el fuerte inicio que impusieron Guillermo Ortelli (Chevrolet) y Mariano Werner (Ford) en ese arranque. Prefirió quedarse entre el quinto y sexto lugares y hacer su carrera, como si nadie más corriera. Tampoco se volvió loco cuando allá por la vuelta 33, Gastón Mazzacane (Chevrolet) tomó la punta y se alejó de él muy rápido en el relanzamiento, tras una de las salidas del auto de seguridad.

Por el contrario, Canapino se dio cuenta de que a su manera la carrera iba a ser para él. Su amplio historial lo demuestra: si tiene el auto intacto, él lo exprime a más no poder.

En la vuelta 53 le cedió el volante a su amigo Martín Ponte, un piloto con nivel para estar en el TC, pero que no consigue un lugar por cuestiones presupuestarias. Luego retomó el control en la 84 y lo volvió a entregar en la 115, a manos de Federico Alonso, que vio peligrar la carrera cuando una de las bombas de nafta comenzó a fallar. Ni eso desesperó a un Canapino que se mordió los labios, pidió calma dentro de su box y volvió a subirse a su auto en la 145. Ahí llegó el momento de poner todo su potencial.

La última parada, a 33 vueltas del final, fue clave. Por entonces quedaban nueve autos en la vuelta del puntero y mucho por decir. Allí la combinación de un gran piloto con una muy buena estrategia llegó al punto ideal. En el traspaso con Alonso también cargaron a full el combustible y cambiaron las cuatro ruedas, algo que sus rivales no hicieron, y todo quedó a merced del manejo de quien hoy es el mejor piloto de la Argentina.

Comenzó a pasar rivales y del octavo lugar escaló al quinto. La salida del auto de seguridad número 12 lo acercó a los primeros del pelotón y ya mano a mano la historia iba a ser toda para él. A once vueltas del final dio cuenta de Sergio Alaux para ser tercero y dos giros más tarde pegó el salto a la cima: cuando ya estaba a la cola de José Manuel Urcera y de Leonel Pernía, el Chevrolet que lideraba dijo basta y Canapa pasó por adentro al Torino en la chicana del sector Alberto Ascari.

Por si necesitaba algo más para que todo fuera redondo, un nuevo pace car le dio tranquilidad pensando en la nafta que aún le quedaba en el tanque. Si estaba justo, ese ingreso le iba a dar un margen para no tener que volver a parar y así festejar una victoria que no tenía y que tanto deseaba.

La victoria, a Canapino, no sólo le dio la satisfacción de sumar un trofeo más en su vitrina. También le permitió ganar el torneo de carreras especiales, lo que le dio el pase directo a la Copa de Oro, certamen que le permitirá ir por su tercera corona.

Pero además fue una revancha. El año pasado rompió motor en los 1.000 kilómetros, también con Alonso como compañero, y este campeonato estuvo a punto de ganar la otra competencia emblemática de la temporada, la Carrera del Millón, en la que finalizó segundo, por detrás del uruguayo Mauricio Lambiris. Más motivos para creer que la de Buenos Aires fue quizás la victoria más deseada en su exitosa carrera. ¿Y ahora qué más le queda por ganar? “Quiero ganar todo, no me conformo con nada”, dice. Y seguro que lo puede conseguir.

Finalmente, Julián Santero (Dodge) fue segundo y Leonel Pernía completó el podio. Facundo Ardusso, con Torino, fue cuarto y el puntero del campeonato, Jonatan Castellano (Dodge), finalizó undécimo, a dos vueltas del ganador. La definición de la primera fase del campeonato será el 9 de septiembre en Paraná.

Fuente: Clarin

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